por Francisco Guzmán Castillo
pacogrupos@gmail.com
Investigador CSIC – Miembro del FVID.
Una buena amiga, profesora del Instituto, describe con mucho tino un ejemplo de como se construye y traduce la realidad de la diversidad funcional:
A mi centro el otro día vinieron los de la federación de deportistas paralímpicos y de nuevo se reprodujo el circo freak del mérito asociado a la discapacidad. Tuvimos también en el mismo lote la charla del deportista de élite «normal» que es arrollado por un coche y se ve relegado a estas olimpiadas de 2ª.
Total para que los chavales lleguen a las siguientes conclusiones:
En Andalucía, llama poderosamente la atención el número de prestaciones económicas para asistencia personal (14) frente a la cantidad de personas que reciben otros servicios y prestaciones económicas. A día 1 de Enero de este año, 20.000 personas tenían plaza en una residencia, más de 50.000 recibían el servicio de ayuda a domicilio, y algo más de 110.000 habitantes de esta comunidad autónoma gozaban de una prestación económica destinada a cuidados familiares.
Una niña de 5 años con espectro autista tiene que dejar el colegio concertado en el que estudia su hermano. El centro aseguraba que no tenía recursos, inexistentes también en el público al que trasladaron a la pequeña. Los padres de Paula ya no pueden más. No saben qué hacer para que su hija, a la que han diagnosticado un espectro autista, cuente con los recursos oportunos en su escolarización. La historia comenzó en el colegio concertado donde estudia su hijo mayor, en el distrito de Teatinos. Una vez matriculada, la dirección del centro les explicó que no podían atender las necesidades especiales de la pequeña y le recomendaron un cambio. Sin embargo, el colegio público al que la derivaron desde la propia Junta tampoco disponía de los recursos necesarios. Todo se complica aún más cuando el nuevo destino ha vuelto a pedir a la familia otro traslado, esta vez, a kilómetros de su domicilio.