Soledad y silencio: el asesinato de una mujer con diversidad funcional

Mujer en silla de ruedas de perfil. Se puede leer sobre impreso: Ni una menos

Texto escrito por Coral Hortal, Estela Martín y Eugenia Carrasco; de la junta directiva de VI Andalucía

Casi por casualidad hemos tenido conocimiento del asesinato de Mª Carmen, mujer con diversidad funcional y vecina del barrio de Pino Montano de Sevilla. La escasa información sobre este caso nos ha llamado poderosamente la atención. Tras mucho indagar hemos podido saber que Mª Carmen vivía sola, que usaba silla de ruedas manual por tener la eléctrica averiada, y otras circunstancias  que la convertían en una persona con necesidad de apoyos para desempeñar las actividades de su vida diaria.

Su presunto asesino, sobrino de su difunto marido, no fue el único hombre de su vida que le hizo daño, pues una ex pareja también la maltrató. Además de agredirla físicamente, la violaba; sin embargo, el juez que llevó el caso consideró que con una semana en una casa de acogida bastaba para proteger a esta mujer de futuras y probables agresiones.

Además de acarrear todo ese bagaje de dolor, según sus vecinos tenía un trastorno mental, lo cual conocían los Servicios Sociales comunitarios. Pero ni lo uno ni lo otro fue suficiente como para que nadie le prestara la atención debida y a la que tenía derecho.  Además, tenemos que poner el acento en el hecho de la dejación de funciones de unos Servicios Sociales que debían haber tomado las medidas adecuadas para garantizar su seguridad.

Mª Carmen, una mujer maltratada, abusada y asesinada… Sin embargo, ningún colectivo feminista ha expresado su repulsa, quizá porque fuera una mujer con diversidad funcional, y ya sabemos que el feminismo hegemónico blanco, heterosexual, de mediana edad y no discriminado por diversidad funcional, excluye, al igual que  el patriarcado. Tampoco ninguna de las grandes entidades del sector de la “discapacidad”, esas que dicen defender los derechos del colectivo, se han pronunciado al respecto, al menos que sepamos.

En la prensa vemos cómo se resalta que tenía una discapacidad física y mental no tratada ni diagnosticada. ¿Será esa la razón de tal silencio? ¿que como no estaba en sus cabales ella se buscó  el maltrato y la muerte? Pareciera que eso quieren insinuar los escasos medios que se han hecho eco de la noticia.

Mucho nos tememos que Mª Carmen no pasará a engrosar la terrible lista de mujeres asesinadas a manos de un hombre. Su asesinato no será visto como violencia de género, o machista, sino que el enfoque perpetuará el estereotipo de la mujer con trastornos en su salud mental, que justificaría ante muchas personas este execrable crimen. El enfoque mediático que se le da a este tipo de noticias, en vez de señalar a la víctima como responsable directa o indirecta de su asesinato, debería contribuir a la toma de conciencia de la sociedad respecto a la responsabilidad que tienen las autoridades hacia las personas con diversidad funcional.

En VI Andalucía tenemos la certeza de que si se hubieran dispuesto los recursos y  apoyos que Mª Carmen necesitaba para no tener que depender de terceras personas, que con frecuencia se aprovechaban de ella, probablemente estaría viva y su vida habría sido más justa y amable. Simplemente, con haberle proporcionado una silla de ruedas eléctrica y el acceso a la Asistencia Personal que precisaba, no habría estado en una situación tan expuesta y vulnerable al abuso y a la violencia machista y discafóbica.

Hablamos de una vida repleta de malos tratos, de violencia física y sexual, pero también simbólica en el terreno individual e institucional. La falta de atención y protección del sistema judicial y de los servicios de protección y apoyo la condenaron a una vida atravesada por la violencia y el abandono institucional, pero también comunitario, pues no pocos ojos fueron testigos de su situación.  Condenada a una muerte en tierra de nadie.

La perspectiva interseccional nos alerta de que nos encontramos ante un caso de violencia contra las mujeres y contra las personas con diversidad funcional. Por ello, las organizaciones feministas y las que trabajamos por los derechos de las personas con diversidad funcional tenemos el deber de denunciar enérgicamente la gravedad de este crimen. Todas las vidas humanas tienen el mismo valor y merecen ser vividas sin discriminación ni violencia.

Fuente:https://www.diariodesevilla.es/sevilla/muerte-Cuqui-fracaso-sistema-Sevilla_0_1578143957.html

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